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INCERTIDUMBRE E INCOHERENCIA EN LA POLÍTICA ARGENTINA CONTEMPORÁNEA
Publicado el 15/10/2013
Por Luis Aznar
Las articulaciones entre la política y la sociedad, las relaciones entre el poder político y la estructura social, son una forma entre muchas posibles de tratar de lidiar con la incertidumbre, con lo que es probable pero no seguro. De hecho, los seres humanos hacemos política como intento de controlar, al menos en parte, dicha incertidumbre.

Así es como puede comprenderse la importancia del proceso de diseño y aplicación de las políticas públicas en conexión con incertidumbres como la salud, el empleo, la seguridad y el crecimiento económico por citar algunas de las más mencionadas por diferentes públicos.

A partir de lo anterior, uno de los elementos llamativos del escenario político argentino contemporáneo es la frecuencia con la que muchos dirigentes confunden el manejo de la incertidumbre con la incoherencia: afirmar una cosa y hacer otra distinta, analizar una cuestión desde una perspectiva e implementar acciones desde otra no solo diferente sino contradictoria.

El impacto directo y negativo de la aplicación de esta lógica en los resultados obtenidos es cosa que percibimos y podemos constatar cotidianamente.

Esto es grave en relación con cualquier dirigente pero lo es más aun en los casos de los que tienen capacidad de dirección y decisión: por ejemplo, los miembros del ejecutivo incluyendo ministros y secretarios y los senadores y diputados.

El análisis de tres políticas aplicadas por la actual administración del Estado en relación a problemas centrales servirán para dar cuenta de los riesgos de esta situación: inflación, seguridad y medios de comunicación.

Según el relato hegemónico oficial la inflación es muy baja (sobre todo si el organismo que procesa el dato es el intervenido INDEC), la seguridad es una sensación de los afectados y el complejo problema de la función de los medios de comunicación masiva y su manejo se disuelve y resuelve en ¡¡¡Clarín miente¡¡¡.

Los miembros del equipo económico (el Secretario de Comercio Interior, el Ministro de Economía y el Viceministro entre otros) analizan la realidad desde la perspectiva discursiva que afirma que la inflación no es un problema central. Sin embargo, negocian duramente a fin de aplicar listas de precios máximos que por cierto casi nunca se cumplen, implementan cepos cambiarios para tratar de evitar el atesoramiento de dólares por parte de aquellos sectores socioeconómicos que aún tienen capacidad de hacerlo y con apoyo acrítico de senadores y diputados propios y/o amigables diseñan y aprueban un Presupuesto 2014 que después de una década supuestamente ganada sigue incoherentemente apoyado en la Ley de Emergencia Económica.

El tema de la falta de seguridad es un problema epocal que afecta a la casi totalidad de las sociedades de masas y por lo tanto no es una específica cuestión “argentina”. Lo que sí es una cuestión argentina es el constante cambio coyuntural de políticas relativas al control y seguimiento del delito en todas sus formas.

Nuevamente la incoherencia decisional del gobierno se manifiesta abiertamente con el nombramiento para encargarse de estas cuestiones en la Provincia de Buenos Aires no sólo de un manifiesto propugnador de la “mano dura” –denostada por el discurso oficial dominante- sino también aplicador práctico y defensor conceptual de la justicia por mano propia.

El problema de los medios masivos de comunicación, de su función –de su papel- y su control va mucho más allá de si un grupo en particular, en este caso Clarín, miente.

En principio habría que investigar y analizar en qué y cómo "miente" Clarín, cosa que posiblemente haga en algunas áreas y temas.

Si, como da a entender el relato oficial, Clarín mintiese en todo, esta situación no debería preocupar al gobierno. Pensamos que el público consumidor de medios masivos en la Argentina tiene un nivel crítico suficientemente desarrollado como para percibir errores en la información ya sean azarosos o intencionales. Salvo que el oficialismo analice una vez más incoherentemente esta situación desde un argumento de fuerte raigambre “gorila”: los sectores populares pueden ser engañados y llevados a apoyar situaciones políticas inconvenientes.

Pero si de incoherencias hablamos, la perla (no precisamente en la que se creó La Balsa) la proporcionó el comando de campaña del principal candidato del gobierno en la Provincia de Buenos Aires al utilizar una página entera de Clarín para promocionar al mismo y tratar de lograr ganar votos para las próximas elecciones.

Ser incoherente no es un pecado, es un error político que impide procesar correctamente las lógicas de la conflictividad social y por lo tanto entender el surgimiento y estructuración de nuevas y complejas identidades políticas como así también su expresión en coaliciones de apoyo u oposición.

Nuestro argumento es que en la actualidad el gobierno aparece afectado profundamente por dicho error sin presentar condiciones de resolverlo eficientemente.
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