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LOS FRÍVOLOS
Publicado el 10/05/2012
Por Jorge Alvarez
Pablo Rago fue protagonista del programa televisivo "Amigos son los amigos”, ícono y emblema de los años dorados del Menemismo.

La serie se emitía en el canal oficialista por excelencia y popularizó frases tan contemporáneas al momento político como: "El macho del pirulín", "soy trucho" "vos fumá". Un mensaje muy funcional a un proyecto político lleno de lentejuelas y candilejas, hoy como conductor del programa ultra oficialista TVR se expresa con torpe ironía sobre cualquier persona que no comparta el "relato" oficial, que se presenta asimismo como la antítesis de la década de los 90.

Florencia Peña supo ser la exuberante "Pechocha" en aquellos años de brillo y viajó por el mundo junto al conductor Marley como una muchacha feliz y despreocupada, haciendo un producto propio de la televisión basura. Como Moni Argento, su personaje en la serie "Casados con hijos", desarrollo todos los clichés machistas en los que las mujeres son bastardeadas hasta la caricatura. Hoy es una ferviente defensora del kirchnerismo y tuvo su columna de opinión en los diarios oficialistas opinando con liviandad de cuanto tema fuera posible.

Amado Boudou, actualmente vicepresidente de la Nación, supo ser un militante activo de la Unión de Centro Democrático (UCEDE) y por ende podemos afirmar que suscribió con firmeza al discurso de aquel partido de centro derecha.

Nunca pudo ocultar su apego por el dinero y las propiedades inmobiliarias en Puerto Madero. Hoy, al tiempo que lanza mensajes moralizantes al grupo Clarín sobre el papel del diario en la última dictadura, se enfrenta a la posibilidad de ser imputado por varios delitos que tienen que ver con el abuso de poder y la corrupción.

Ellos expresan una corriente, consolidada en los últimos años pero de profunda raíz en la política argentina: haz lo que digo, pero no lo que hago. La hipocresía antropológica de quienes levantan el dedo para juzgar en otros los comportamientos propios.

Hay algo en común entre estas personas, cierta dolencia que les impide formular preguntas de fondo y, por lo tanto, limita las posibilidades de hallar respuestas con profundidad. Esa dolencia es la frivolidad: lo liviano de su acercamiento a los temas, la ligereza con la que cambian de valores, lo cosmético de sus frases.

Ser frívolo no es malo, simplemente es insignificante. Ser frívolo no es potestad exclusiva de las modelos y la farándula, frivolidad es el apego al alboroto, a lo vacío e insignificante, enfocando los problemas con superficialidad.

Pablo Rago, Florencia Peña, Amado Boudou como cualquier mortal, tienen derecho a ser todo lo frívolos que quieran. Incluso tienen derecho a la posibilidad del error, ese error que ellos no les permiten a sus acusados. Pero si la frivolidad está instalada en la Casa Rosada, la cosa es distinta.

Cuando se limita la idea de los derechos humanos asociándolos hasta el hartazgo con la última dictadura militar, cabe preguntarse ¿no es frívolo comparar la desaparición de personas con la televisación por cable de los partidos de futbol?

En el gobierno de Raúl Alfonsín se juzgaron a los dictadores con la oposición de la iglesia, los sindicatos, el PJ y miles de integrantes de las fuerzas de seguridad que habían formado parte de la dictadura y se aseguro la integridad física de todos los testigos que brindaron sus testimonios.

El Kirchnerismo llevo adelante la política de reparación sobre los setenta con la oposición de Cecilia Pando sumado a un grupo de octogenarios y aún no puede responder por el paradero de Julio López. ¿No sería frívolo decir que la política en materia de derechos humanos del Kirchnerismo es buena?

Luego de nueve años de crecimiento económico ininterrumpido, no es alocado preguntarse si ¿Argentina se ha modernizado tanto al punto que un tren a 20 km/h choca en la última estación y provoca 51 muertos y más de 500 heridos? ¿Se aprovechó el enorme crecimiento de la economía para modificar la estructura vial en todo el país? ¿O sigue siendo la misma infraestructura del 2003?

Las preguntas podrían multiplicarse hasta el cansancio, solo bastan algunas que nos permitan inferir la frivolidad con la cual generalmente se abordan los temas desde el Kirchnerismo, que con su estrategia de hurgar en las contradicciones ajenas ha podido ocultar las propias.

A ese pensamiento frívolo de frases largas y fundamentos cortos es al cual debemos preguntarle cuan profundo es su proyecto de transformación, ya que si nos guiamos por sus voceros no nos queda ninguna duda que se trata simplemente de un enunciado sin sustancia que solo el tiempo se encargará de desenmascarar.
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